El 15-M hizo saltar las alarmas entre los políticos más dogmáticos, esos que creen –o quieren hacernos creer– que no hay nada más allá del cheque en blanco que les damos cada 4 años. Para ellos, la democracia española y su Constitución alcanzaron tal grado de perfección que cualquier discrepancia con ella representa el caos. Ni siquiera han sido capaces de reformar la Carta Magna en aspectos en los que parece haber consenso, como la prevalencia del varón en la sucesión a la Corona. Si no estoy mal informado, todas las monarquías constitucionales europeas, menos la nuestra, lo han modificado. No son capaces de avanzar en esto porque temen que abra las puertas a un debate sobre el futuro de la propia Monarquía.